Hacía demasiado tiempo que no bajaba a la mar.
Aquí es imposible no tropezársela, pero bajar requiere tiempo, porque ganas siempre sobran (es increíble como tener un desordenado orden de prioridades puede estropear una vida a veces).
Así es que bajé y me mojé, porque yo no sé ir a la mar y no mojarme.
Y como dijo el poeta, me mantengo en mi esperanza.
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